domingo, 20 de diciembre de 2009

Una caja de bombones

Eso es la vida. O quizás mejor: una intrincada telaraña, con uniones muy finas o muy gruesas. Dependiendo de la profundidad moral de los dos extremos que las conformen. Existen menos relaciones humanas que interacciones neuronales, de eso no cabe duda; pero estoy completamente convencido de que hay algunas personas en contacto con las cuales surge una química especial, que hace que todos esos billones de neuronas transmitiéndose información entre ellas parezcan una cantidad nimia comparado con todo lo que te une o te podría llegar a unir a dichas personas.

Además, es algo momentáneo, o por lo menos, suele serlo. En cuanto entablas la primera conversación con esa persona, sabes que merecerá la pena esforzarse por mantener muchas más en un futuro, que esa persona tiene algo valioso que te gustaría que te aportara, que gracias a ella conseguirás madurar, conseguirás dar pasos hacia adelante y aprender de tus errores.

Por suerte, si estás inspirado y buscas en el lugar adecuado, además de poniendo intención y dando lo mejor de ti mismo, es bastante probable que conozcas a alguien de estas características. Porque aunque en este mundo tan sumamente tópico, gris, frío y calculador, aunque no lo parezca, detrás de cada esquina, a veces con una máscara y a veces con confeti, hay un montón de gente especial esperando intercambiar un gesto contigo.

Gracias por ser mis bombones, estáis rellenos de un licor muy muy dulce.