lunes, 8 de noviembre de 2010

Amen (as seen on Händel's Messiah)

Puedo estar cansado, pero soy infatigable.
Puedo estar atormentado, pero consigo hacer que cualquier tempestad que recorra mi cabeza amaine, si me lo propongo.
Puedo echar fuego por los ojos, y quizás debiera hacerlo, pero soy más feliz manteniéndome en paz.
Puedo incluso cambiar absolutamente todo de mí, pero no serviría de nada.
Puedo parecer inquieto, curioso, impaciente, y es porque lo estoy, porque lo soy.
Puedo tener ganas de mandar todo lejos, muy lejos, y olvidarme para siempre, pero soy de los que piensa que la vida está hecha para no ser fácil. Si lo fuera, además de que todos seríamos iguales, cualquiera podría alcanzar cualquier meta. Yo quiero plantearme la mía y hacer todo lo posible para llegar a ella. Holgado o ahogado, pero mi meta es mía y nadie me la quita.

Podría desempolvar todos los manuales, pero prefiero mezclar instinto e ingenio. Empiezo ya mismo. Empecé hace tiempo. Empiezo con cada nuevo día.

lunes, 9 de agosto de 2010

Basta, ya es (auto)suficiente

Recibimos mensajes constantemente. Verbales, gestuales, sonoros, visuales… Constantemente. Pero siempre provienen de alguien a quien importamos, en mayor o menor medida. Siempre. Una caricia, un aviso, un grito, un anuncio, un consejo. Estamos rodeados de ellos, y quizás por estar inmersos en ese mundo comunicativo, a veces olvidamos la circunstancia que rodea al acto. Tendemos a enfadarnos cuando se nos recuerda algo varias veces seguidas, o cuando se nos propone algo aparentemente monótono, o cuando nos señalan algo que es obvio… Quizás olvidamos que la otra persona simplemente está intentando hacernos el camino más fácil, aunque desde luego, lo fácil es perderse en nuestro banal intento de marcar nuestros límites y nuestra independencia, nuestra autosuficiencia hegemónica. Un vano ensayo en casa de cómo nos gustaría jugar fuera, imponiendo, demostrando que tenemos talento, prudencia, memoria, capacidad. Pero es mentira (¿o no?). ¿Somos máquinas? ¿Estamos programados? No sé, es demasiado sencillo caer en ese vórtice de egolatría. Quizás queremos desprendernos cuanto antes de todo aquello que creemos que nos une a nuestros orígenes porque deseamos ser imagen en vez de esencia. Perdemos raudos y veloces la noción de la esencia y a menudo olvidamos que sin ella no somos nada, y que podemos volar poco tiempo con las alas de cera y plumas, el sol de la realidad acecha certero cuanto más nos alejamos de nuestra esencia. Y, ¡ojo!, no estoy diciendo que debamos ceñirnos a nuestros orígenes y responder cabizbajos y complacientes a todo aquello que se nos diga o sugiera o insinúe. Nada más lejos. Como siempre, Aristóteles tenía razón (o eso creo yo), quizás en el punto medio entre dependencia y autosuficiencia se encuentre la virtud. Quizás necesitemos tanto de los demás como de nosotros mismos para crear un avatar que aúne todo lo necesario para sobrevivir en la jungla. Quizás simplemente debamos dejarnos llevar sin olvidar que nuestros pies añoran volar pero necesitan pisar tierra firme con regularidad.

domingo, 20 de junio de 2010

Lust

Agujetas recorriendo todo mi cuerpo
Y ese incesante aroma evocando tu piel
Desnudo y sin tapujos
Sincero y hasta la extenuación

lunes, 26 de abril de 2010

Conscientia

Nunca es tarde si la dicha es buena. Es lo que todo el mundo dice. Y hasta que no te paras un poco a darle vueltas, a sopesar todo, y te das cuenta de lo relativa que torna cualquier relación, de lo mucho que cuesta construir algo sólido y de lo poco que tarda en caerse si algún cimiento baila por lo que sea (echar culpas nunca nunca es la solución)...

Es extraño, pero no sabría decir cuál es el preciso instante que se encuentra entre que asumes que algo ha pasado, y asimilas que ese mismo algo ha sucedido. Con lo primero simplemente eres consciente de que un cambio se ha producido, pero hasta que no llega ese segundo punto, el verdadero punto álgido, de inflexión, no eres capaz de hacer nada en consecuencia.

Cada sujeto es un mundo, y cada interacción entre dos sujetos, un universo. Es por eso, que cada mundo tiene sus características, su tiempo y su espacio, y es preciso que ambos mundos conozcan la realidad del otro para, precisamente, poder actuar consecuentemente. Quizás estoy desvariando mucho y escribiendo generalidades, pero creo hacerme entender, y me vienen a la cabeza docenas de historias, pasadas, presentes y posiblemente futuras, que concuerden con esto...

Ojalá fuera más fácil... no, ¡qué diablos! Que siga siendo complicado, eso es lo que le da algo de salsa a esta vida. Si no hubiera obstáculos... ¿qué merito tendría seguir adelante? Aprendamos a vivir con lo que toca, no todo va a ser suave y dulce siempre, si hay momentos amargos, ¡adelante! ¡Vívelos y disfruta su esencia tanto como disfrutas la de los buenos momentos!

Sácale jugo a cada minuto que vivas.

Hale, Edu, ya puedes ir aplicándote el cuento.

martes, 6 de abril de 2010

Una de Tólstoi

«Todo estriba en que los hombres creen que hay situaciones en que se puede tratar a los hombres sin amor, y tales situaciones no existen. A las cosas se las puede tratar sin amor: se puede talar árboles, fabricar ladrillos, forjar el hierro sin amor; pero con los hombres no puede hacerse, lo mismo que no se puede tratar a las abejas sin precaución. Así es la característica de las abejas. Si no se las trata como se debe, se las perjudica a ellas y a uno mismo. Igual sucede con los hombres. Y no puede ser de otra forma porque el amor entre ellos es la ley básica. Cierto que el hombre no puede obligarse a amar como a trabajar, pero eso no es motivo para tratar a la gente sin amor, sobre todo si se exige algo de ella. Si no amas a los hombres, permanece quieto -pensaba Nejliúdov, hablándose a sí mismo-, ocúpate de ti, de tus deseos, de lo que quieras, pero no de los hombres. Lo mismo que se puede comer sin perjuicio y con provecho sólo cuando se tiene apetito, así se puede tratar a los hombres con provecho únicamente cuando se siente amor hacia ellos.»

Lev Tólstoi. Resurrección.

viernes, 5 de febrero de 2010

Confessions on a mad floor

Dependo de las personas mucho más de lo que me gustaría. Me encanta debatir. Me ponen nervioso aquellos que pasan de todo, y aquellos que se preocupan demasiado por todo. Odio la incomprensión y la falta de escucha y de respeto. Suelen enternecerme hasta llorar escenas cumbre de la cinematografía. Paseo solo y a mis anchas a menudo. Disfruto reencontrando nuevos aspectos en una canción o un libro olvidados. Hablo y hablo y hablo y hablo. Por eso me cuesta tanto comedirme, sobre todo al empezar a conocer a alguien. Soy muy ansioso e impaciente, y quiero, casi necesito, tener la seguridad de que nada va a ir mal, no necesito controlar la situación, pero sí saber que está controlada. Entiendo el amor como un sentimiento puro y libre, que no entiende de restricciones como género, edad, ni ningún otro. Me considero socialista utópico, ateo tirando a aconfesional, liberal, músico frustrado, evolucionista, sociable interesante, clásico pero alternativo, comedido normalmente, sobreprotector, curioso… Odio los prejuicios y los juicios de valor. Me odio cuando caigo en ellos sin darme cuenta. No me gustan los perros, de entrada. Adoro a los gatos. Me encanta escuchar el rumor del agua. Siento predilección por el cierzo. Vainilla, coco, lavanda. Chocolate amargo. Me encanta ducharme con agua fría. Soy extremadamente perezoso, aunque si sé que tengo que hacer algo, aunque sea en última instancia, procuro esmerarme. Intento ser ecléctico y no centrar mis gustos en una única dirección, aunque sienta especial interés por ciertos estilos. Me encanta el arte, la literatura, la paz de cualquier lugar perdido de la mano de Dios, Alá, Buda, Thor, Visnú… Me considero extraño, aunque normal dentro de mi extrañeza. Hay gente que me odia, creo que poca, y no odio a nadie (odiar odiar, lo que se dice odiar, no). Tiendo a exagerar las cualidades de todo aquel que me rodea, y a juzgar para bien demasiado rápido. Me confío demasiado. Nadie es perfecto, empezando por mí (no hace falta que lo jure). Últimamente soy más directo y doy menos rodeos, entiendo que cada cosa ha de llegar en su momento, aunque nunca dejo de soñar, lo cual suele reportar consecuencias negativas. Siempre siempre siempre tengo una canción en la cabeza. Si comienza a rallarme, la traduzco, cambio el orden de las palabras, las cambio por sinónimos, las pronuncio de diversas maneras… Suelo ausentarme a menudo. Me encanta compartir sabiduría. Tanto poder compartir yo, como que compartan conmigo, me llena, es algo indescriptible. Hay gente que creyó conocerme, y jamás llegaron a hacerlo, simplemente porque no quisieron, soy muy transparente con la gente que me lo pide y me demuestra que merece la pena. No escribo regularmente, no cumplo con mis obligaciones regularmente, no hago todo lo que debería. Quiero poder desligarme de todo aquello que me hace ser peor persona, y poder por fin desalinearme. He avanzado muchísimo en los últimos meses. Las gracias ya las he dado, pero jamás terminaré de hacerlo. Me siento libre. Me siento libre. Me siento abierto. Me siento… liberado.

domingo, 31 de enero de 2010

Relativitzatio

Uno de mis proverbios tibetanos favoritos dice: “Si un problema no tiene solución, para qué sufrir. Y si sí la tiene, para qué sufrir”.

Habitualmente es harto complejo hacer caso de esta enseñanza. A menudo tendemos a inmiscuirnos demasiado en nuestros asuntos, y en los de los demás; solemos involucrarnos tanto, tanto, que nos da igual el resultado: lo único que acaba por importar es la manera de poner una solución.

Sin embargo, yo hace tiempo que descubrí el arte de la relativización. No es una fórmula einsteiniana ni nada por el estilo, simplemente consiste en darle a cada cosa y a cada persona, a cada acción y a cada movimiento su importancia debida. No aportar más interés a una cosa que a otra que está al mismo nivel. Tan solo se basa en hacer un examen objetivo de las personas que nos rodean, de cómo actúan, de qué nos aportan y qué beneficios obtenemos y obtiene el sistema en general de ellos (y de nosotros mismos primeramente, desde luego), y sacar unas conclusiones a raíz de ello.

Con todos estos datos, si llegamos a sentirnos defraudados en algún momento, si nos sorprende algún golpe duro del destino o alguien nos traiciona, tan sólo hay que quitarle hierro al asunto (si bien es cierto que si quien nos hace daño es alguien a quien queríamos mucho, es muy complicado hacerlo), pensando que, bueno, pues esto pasó, tengo dos opciones: frustrarme y centrarme en mi sufrimiento hundiéndome en la miseria, o aceptarlo, pasar el tiempo justo y necesario de asimilación, y evolucionar, mejorar, hacerme más fuerte.

Simplemente me apetecía dejar constancia escrita de ello.

miércoles, 27 de enero de 2010

Alguien

Oh vamos, ¿acaso no (me encanta utilizar el “oh vamos, ¿acaso no…?) has probado nunca el amargo sabor de la desesperación? Del anhelo, de la injusticia, del deseo… Claro que sí, y deja un regusto extraño, pero que siempre merece la pena repetir. O al menos eso parece. Nunca escarmientas, siempre quieres más. Siempre tienes ansia por conocer el siguiente recoveco, dónde encontrarás el siguiente punto en común, la siguiente risa nerviosa, el siguiente comentario paródico basado en algo que te morías por exteriorizar…

Y no, no es por una persona, o sí (claro que lo es, a veces), puede ser por un sentimiento, o por un grupo de personas, por alguien con quien te cruzas por la calle, con quien misteriosamente compartes la manera de atarte los cordones, de enrollar los auriculares del mp3, o simplemente un autor literario o el champú.

Alguien que discrepa de tus ideas, que las echa por tierra, y así te hace poner los pies sobre ella, te ayuda a relativizar y a darle la vuelta a tus pensamientos. Te comprende, te intriga, te ofrece la dosis justa de misterio, te incita a soñar, a divagar, a imaginar. Hace que una sonrisa inunde tu cara de un extremo al otro.

Alguien que se ríe de ti, pero contigo. Alguien que no te presta un paraguas en un día lluvioso; te regala el suyo. Alguien cuya escala de valores ha sido erosionada a base de palos, y no por ello es menos íntegra que en cualquier otro momento. Alguien sagaz, capaz, locuaz, pero no fugaz.

Alguien que deja marca, alguien… que transmite, transporta, transforma. Alguien inherente, coherente, sugerente.

Alguien que realmente merece la pena, de esos que dicen que sólo conoces 5 a lo largo de toda tu vida. Alguien que trastoca tu trasfondo, que coloca tus cachivaches, que ordena tus prioridades de acuerdo con tu estilo, con tu escala, con tu esmero.

Oh vamos, ¿acaso nunca habéis soñado con ser ese alguien para alguien? Yo personalmente, aspiro a que alguien me considere ese alguien.